Sexo anal con Vero Por Anomimo Volver a Hetero
Vero es una chica que tiene esas características físicas que a mí particularmente me agradan tanto, es bastante delgada, alta, de cabellos lacios y largos. De cintura muy estrecha, su culito es pequeño y redondo y sus glúteos parecerían que van a caber en la mano por completo. Lo generoso de su cuerpo son sus pechos, tiene unas tetas muy grandes de esas que llenan sobradamente cualquier corpiño y con pezones que apuntan hacia arriba.

Siempre me gustaron las flacas con grandes tetas, no puedo resistirme a ellas, pero en el caso de Vero existían pocas posibilidades de que yo pudiera verme enredado con ella y esto debido a varias razones. En primer lugar porque es más joven que yo y en segundo lugar porque es hija de una persona a quien conozco.

De modo que existía una traba por parte de ella debido a que seguramente tendría pretendientes más jóvenes que la satisfacían y de mi parte un condicionamiento moral de no “traicionar” de algún modo la confianza de sus padres a cuya casa llegué siempre como amigo. Al momento de ocurrir los hechos que voy a relatar Vero era una mujer de más de 20 años aunque un poco ingenua según me parecía, ya que no demostraba interés aparente por cosas relacionadas con el sexo. No obstante me seguía gustando, no podía evitarlo, esa inocencia me parecía aún más atractiva, me calentaba más.

El último verano Juan su padre me invitó a pasar un fin de semana en su quinta. Llegamos el viernes y nos instalamos en la amplia casa que contaba con una pileta de natación muy bonita además de otras comodidades para pasar un fin de semana agradable. Yo había ido sólo pues mi mujer estaba en un congreso de medicina en una ciudad del interior al que no quise ir porque esos eventos me aburren terriblemente ya que mis preferencias pasan más por las actividades a cielo abierto.

El sábado fue un día muy caluroso y por lo tanto lo pasamos en la pileta. Ver a Vero en malla todo el día fue terrible para mí pues la vista de sus hermosos y grandes pechos apenas contenidos por una pequeña biquini y la raya de su redondo culito dibujándose a través de la malla mojada me tuvieron en una erección continua y temía que mi pantalón de baño no pudiera disimular mi verga durísima.

Por la noche Juan propuso ir a cenar afuera a un lugar donde servían un fantástico asado criollo y que tiene además una muy buena bodega. Al final fuimos solamente Juan, Ana su esposa y yo pues Vero tenía planes con unas amigas que pasarían por ella. Me tranquilicé ya que por lo menos podría disfrutar de la cena sin tener que estar en esa sensación de turbación que me ocasionaba la presencia de Vero.

Disfrutamos de una excelente comida y a los postres Ana dijo que le gustaría ir a algún lugar a tomar unos tragos y continuar la velada de la noche de sábado. Me pareció que interfería en algún plan de la pareja y consideré que mejor sería no acompañarlos de modo que di una excusa cualquiera y regresé a la casa en un taxi dispuesto a acostarme temprano. Llegué a la casa cerca de medianoche, la luz del patio estaba encendida y no se veía signos de que Vero haya regresado ya.

Para ir hasta mi alojamiento se transpone la entrada a la casa principal, que es la primera desde el portón de acceso y donde alojan Juan, su esposa y Vero, luego hay que pasar un amplio patio donde está la pileta para luego tomar hacia la izquierda en una bifurcación de un sendero de ripio. A la derecha queda una especie de cabaña de madera que también sirve como alojamiento cuando son muchos los invitados y que entonces estaba desocupada. Por las distancias entre cada construcción y debido a la entrada independiente existe intimidad para los que viven en cada una de las construcciones.

Al aproximarme a mi alojamiento vi que había luz en la cabaña, pensé que podrían haber ladrones o tal vez la luz quedó encendida al irnos pues esa ventana no se ve desde la casa principal ni desde la entrada. Me acerqué con cuidado pero a medio camino escuché fuertes gemidos que venían desde la cabaña. Me paralicé un momento hasta que percibí que eran gemidos de una mujer. Con cautela llegué hasta la ventana y les aseguro que no estaba preparado para lo que vi.

Vero se hallaba acostada de espaldas sobre una de las camas, tenía las piernas levantadas y apoyadas sobre los hombros de un hombre que intentaba penetrarla con una descomunal verga. Cuando me asomé la retiraba de la concha de Vero para luego humedecer con saliva la cabeza y la entrada de la conchita.

Era un miembro que impresionaba al verlo, largo y grueso con las venas muy marcadas. El tipo se la tomaba con toda la mano y le sobraba pija por delante y detrás, se la pajeaba despacio mientras miraba la entrepierna de Vero. Apoyó nuevamente la cabeza de la verga en la entrada y separó con los dedos de la mano derecha los labios de la concha y luego empujó la verga cuya cabeza desapareció entre los pliegues rosados.

- ¡Aaaaaayyy…!, despacio bruto, gimió Vero.

El tipo empujó otro poco y la pija entró hasta la mitad.

-¡Aaaahhh!… hijo de puta, ¡qué verga tenés!, mandámela despacito que me partís. – Quedáte quieta que te entra bien, decía él.

Empujó nuevamente y más pija entró en la conchita que ya se estiraba.

- Ahh; Ahhh; Ahhh; Ayyy!!, Gemía y jadeaba Vero que poco podía hacer más que aguantar las embestidas por la posición en que se encontraba. – Sacámela, sacámela ahora, no la aguanto, me está tocando fondo.

La enorme pija comenzó a salir despacio, brillante por la lubricación de la concha de Vero.

- Acostáte de espalda que yo te monto dijo Vero.

Él se acostó y sostuvo con su mano el miembro erecto que apuntaba directo al techo, Vero se subió a horcajadas, se acomodó la verga en la entrada y comenzó a bajar clavándose despacio. Gemía y se agitaba, meneaba las caderas adelante y atrás facilitando que el enorme miembro fuera entrando.

Cuando todo lo que Vero pudo aguantar estuvo ya dentro de ella, se reclinó levemente hacia atrás y comenzó a masajear su clítoris con sus dedos. No tardó en sacudirse en un violento orgasmo y luego se inclinó hacia adelante permaneciendo acostada sobre el pecho de él. El tipo permaneció quieto y luego se volcó de costado y le dijo algo al oído a Vero. No escuché que fue pero pude imaginarlo por el brinco que ella pegó. Permaneció un momento mirándolo muy seria y luego le dijo.

- ¡Debes estar loco si piensas que voy a dejar que me metas ese tronco en el culo!, date por satisfecho que te dejé metérmela en la concha. – Pero linda, voy a tener cuidado, primero te lubrico bien y luego te la pongo muy despacio. Replicó él.- Estás loco, completamente loco, ni se te ocurra. – Sólo la cabeza, ¡por favor!, Tenés un culo tan lindo. – En otra oportunidad trataré de intentarlo, ahora no, si querés te la chupo para que puedas acabar en mi boca.

Resignado él se pone boca arriba nuevamente y Vero se aplica a darle una mamada espectacular hasta que el tipo explota entre sacudidas y gruñidos sordos.Yo estaba en una mezcla de asombro incredulidad y calentura que no había experimentado antes. No podía creer que Vero la que yo tenía por tímida e inocente haya protagonizado lo que acababa de ver. Comencé a alejarme despacio de la ventana y en mi turbación tropecé con unas herramientas de jardín que hicieron mucho ruido.

Temeroso de que me escucharan abrí la puerta de mi habitación y me acosté sin encender la luz. Al día siguiente muy temprano me levanté, encontré a Juan en el jardín y le dije que había recibido un llamado de mi socio que quería hablar conmigo. De esa forma me fui para evitar ver a Vero pues no sabía como iba a ser mi reacción al verla. Pensé que la mejor forma de tranquilizar mis impulsos sería dedicarme a algo que mantuviera mi mente ocupada, de forma que fui a la oficina donde tenía algunos informes que terminar para el lunes, de paso si Juan me llamaba por algo me encontraría trabajando lo que daría consistencia a la excusa que le di para irme de su casa tan rápidamente.

A las cinco de la tarde decidí ir a casa pues el día se había vuelto frío y comenzaron a caer unas gotas de lluvia, quería estar en mi hogar antes de que la lluvia fuera torrencial. Cuando me dispongo a salir suena el timbre de la puerta de entrada, atiendo y para mi sorpresa escucho que dicen.

- Abrí, soy Vero, Papá me dijo que estarías aquí. Me quedé mudo, sin reaccionar. – ¡Hola! ¿Estás ahí?, ¡soy Vero!, repitió la voz.

Oprimí el botón de apertura de la puerta principal (pues mi oficina está en el piso diez y la puerta de acceso se abre mediante el sistema de portero eléctrico). Esperé, oí el ruido del ascensor al detenerse en el piso y luego el timbre de la puerta. Abrí y allí estaba Vero, vestida con una falda corta y bastante escote; encantadora.

- Pasá, ponéte cómoda, atiné a decir. Ella entró, se sentó en el sofá y comentó – Qué bonita oficina tenés. – Sí, bueno, le hace falta un cambio en el papel de las paredes, respondí. -Mirá, no voy a andar con vueltas, sé que viste lo que sucedió en la cabaña el sábado en la noche, escuché los ruidos afuera y el único que podía estar allí eras vos pues mis padres llegaron mucho más tarde. -Discúlpame, dije, no fue mi intención espiar es que… – No, no pidas disculpas pues en realidad no me preocupa que me hayas visto, sólo vine a pedirte que no les digas nada a mis padres, ya sabés que ellos son educados a la antigua y no quiero causarles ningún disgusto. – No te preocupes, respondí, no diré absolutamente nada, por mí es como si nada hubiese ocurrido en esa cabaña. – Bueno, tampoco es para tanto, para mí fue bueno que lo hayas visto porque quiero pedirte otro favor.

- Dime. – Primero respóndeme algo: ¿Te quedaste hasta el final?. – Si. -¿Te percataste de lo que quería hacer el que estaba conmigo? – Bueno, no sé si correctamente pero me pareció que era algo que no te gustaba. – En realidad el tipo me la quería meter por el culo y no quise porque como habrás visto tiene una poronga muy grande y yo no he tenido experiencias aún por esa vía. El caso es que él insiste con eso cada vez que nos acostamos y creo que no podré mantenerlo mucho tiempo más a raya. – ¿Porqué no lo dejás y listo?, solucionás el problema. – Bueno, la verdad es que me agrada ser ensartada por esa tremenda herramienta, la disfruto mucho y quiero seguir haciéndolo y además, a pesar de que tengo cierto temor también deseo que me la ponga por la colita, lo que no quiero es que sea el primero. Desearía experimentar con algo más “normal” ¿me entendés?

Esa conversación me estaba volviendo loco, de pronto comencé a preguntarme el porqué de tanta franqueza de ella hacia mí. Intuí que algo estaba pasando ya de lo que yo aún no había caído en la cuenta o no quería hacerlo porque no me parecía muy real. ¿Me estaba Vero ofreciendo desvirgarle el culo? No; demasiado bueno para ser cierto.

- El caso es, continuó Vero, de que mi amigo, el de la gran poronga, es medio inexperto y muy impulsivo, temo que pueda lastimarme si yo no sé controlar la situación y no sabré hacerlo si no sé antes a qué atenerme, en cambio vos ya sos un hombre con experiencia, sé que me tratarás bien y puedo confiar en que no saldré lastimada.

Vero habrá visto la expresión de mi cara entre desorientada y pasmada pues rápidamente agregó.

- Perdón, no debí ser tan directa, quizá ni te gusto. -No, no es eso, respondí, muy por el contrario, es que es algo inesperado y me tomó por sorpresa. -Pensalo dijo ella, si la idea de tener sexo conmigo te agrada tengo el viernes próximo libre y podemos ir a algún lado.

Antes de que pudiera responder ya se había ido. Esa semana me pasé pensando en Vero, tuve infinitas fantasías no me la podía sacar de la cabeza, hasta mi mujer se mostró un tanto sorprendida por el entusiasmo conque le hice el amor a su regreso, es que si bien era ella quien estaba debajo de mí en realidad era a Vero a quien penetraba en mi mente.

El viernes llegó al fin, había arreglado con mi amigo Roberto que me prestara su departamento de soltero, él es médico y ese día estaba de guardia en la clínica. Recurrí a él porque tiene su departamento bien preparado para ese tipo de eventos como cuadra a un buen soltero que no huye de las diversiones. Además se encargó de una oportuna llamada a mi casa invitándome a “una cena con los amigos” para ese viernes. Pasé a buscar a Vero y fuimos a un bar de esos para parejas con luz suave y música al tono, debía demostrarle mi experiencia hasta en los previos pues si me abalanzaba sobre ella como un garañón (como tenía ganas de hacer) demostraría no ser demasiado distinto a su amigo.

Charlamos, bailamos muy apretados, nos acariciamos y la temperatura fue subiendo a medida que rompíamos el hielo y entrábamos en confianza. Cuando la cosa estaba madura partimos para el departamento. Algo más de música y un par de tragos y pasamos a la acción.

Desvestí a Vero muy despacio y luego de acostarla la recorrí completamente con mi lengua deteniéndome en lugares estratégicos, en aquellos puntos en que los roces son irresistibles. Le dediqué una especial atención a sus hermosas y grandes tetas, lamiéndolas, chupándolas y acariciando los pezones con mi lengua hasta que ella se retorció de gusto. Sumergí luego mi cara en su entrepierna que tenía ese irresistible aroma a mujer que me gusta tanto, jugué con su clítoris hasta que estuvo bien lubricada luego dejé que ella tomara la iniciativa. Me puse de espaldas, aún tenía el slip puesto pues quería que fuera ella quien me lo quitara, a las mujeres les gusta hacer eso. Tenía ya una considerable erección de modo que cuando ella me baja la prenda mi miembro saltó como un resorte. Ella se quedó un instante mirándolo y luego exclamó:

- ¡Huyy! me parece que no me beneficié mucho con el cambio, ¡Qué verga tenés! ¿Es que ya no hay gente con pijas normales?

El asunto es que si bien yo no tengo las proporciones del otro amante de Vero en cuanto a longitud la naturaleza me dotó de una verga de unos 18 cmts pero muy gruesa, especialmente la cabeza que es ancha y de bordes marcados y muy sobresalientes, mi anterior pareja le llamaba “tapón de champagne” pues tenía una cabeza muy prominente luego de la cual se afinaba para engrosar nuevamente hacia el final.

- Discúlpame, le dije, si querés dejamos todo aquí, o hacemos lo que quieras, no quiero que te sientas presionada. – Bueno, no me va a resultar fácil creo, pero puedo intentarlo, siempre que vos pares si yo te lo pido.

Comenzó a mamarla, la cabeza le cabía apenas en la boca pero una vez adentro movía su lengua de una forma que hacía la mamada sumamente agradable. La lamió bajando desde la punta hasta llegar a las bolas las que también metía de a una dentro de su boca mientras su mano se movía a lo largo de mi pija en una lenta masturbación.

La puse de espaldas y la penetré despacio, me costó un poco pues era bastante estrecha pero pude alojar toda mi pija en su conchita que se sentía apretadita y deliciosa. Me moví un poco, muy despacio, luego se la saqué por completo para rozar su clítoris con la cabeza del miembro y penetrarla nuevamente hasta el fondo. Con cada embate ella gemía y me clavaba las uñas en la espalda. Mi intención era llevarla muy próximo al orgasmo que es cuando más relajados están los agujeritos y es más fácil penetrarlos.

-No me la saques ahoraa, metémela maaaás, Clavame hasta el fondo!, decía ella.

Las rítmicas contracciones de los músculos de su conchita me decían que estaba cerca de acabar, de modo que se la saqué y la puse boca abajo sobre la cama, doblé una almohada y se la coloqué debajo de la pelvis de modo de dejar bien levantado su culo.

Separé sus nalgas con mis manos y vi su pequeño agujerito muy estrecho, pensar que metería mi verga en él me calentó más e hizo que se me endureciera como un palo, la cabeza de la pija latía y se hinchaba como nunca. Pobre Vero, pensé, le va a costar trabajo comérsela por atrás. Lamí un rato su entradita cosa que al parecer le agradó pues sentía que se relajaba. Me arrodillé detrás de ella y lubriqué todo mi miembro con una crema que había traído, luego con un dedo también lubriqué el culito de Vero.

-Abrilas, le dije mientras le indicaba sus nalgas.

Tomó una con cada mano y se las separó, les aseguro que ver sus manos delicadas, de uñas bien pintadas separando sus nalgas para mí era algo difícil de resistir, pero me obligué a mantenerme en control. Apoyé la punta de mi verga en la entrada del culo e hice apenas presión. Vero se tensó pero volvió a relajarse al ver que yo no iba más allá.

- Respirá profundo y lento y tratá de relajarte, esto va a entrar sólo. -Metémela despacio por favor o me va a hacer daño, es una pija muy grande, dijo ella. Empujé otro poco y vi como la cabeza comenzaba a entrar. – Aaaahhhh! Aaaahhhh! gimió. Otro empujón corto y solo quedaba afuera el reborde de la cabeza. -Aayyy!, despaciooo! me vas a romper el culo.

Permanecí quieto hasta que ella se fue relajando y su culo se acostumbró a lo que ya tenía adentro. Me moví un poco de forma de meter y sacar la pija sólo hasta donde había llegado.

-Respirá que va otro poquito, le dije y empujé. El culito se estiró hasta quedar brillante y sin pliegues y a pesar de que hacía ya bastante fuerza para meterla la última parte de la cabeza no entraba.

- Aayyy!, Ayyy! gritaba Vero y mordía la almohada, Qué verga!, me desgarra el culoo! gemía. Sacámela!, ¡Sacámela un ratito! me urgió.

Se la saqué y ella se levantó y fue rápidamente al baño. Cuando regresó dijo:

-Quería asegurarme que no me habías roto el culo, me lo refresqué bien con agua fría y me alivió.

Tomó mi verga en sus manos y la acarició diciendo:

- Es una herramienta terrible querido, si me como esta me como cualquiera, mirá que tremenda cabeza tiene ¿me entrará?, intentémoslo otra vez, pero muy despacio ¿eh?

Se puso en la misma posición en que estaba antes, se abrió las nalgas y yo volví al ataque.

-Relájate bien que te entra, dije y metí media cabeza y luego otro poco. Quedaba la parte más ancha y pensé que la única forma de pasarla sería de un sólo empujón.

-Respirá profundo ahora le dije, cuando sentí que su esfínter se aflojó di un empujón corto y firme y la cabeza desapareció en el culo de Vero y su anillo se cerró con fuerza apretándome la pija.

-AAAAhhhhhhyyyyy! gritó y se aferró a las sábanas soltando sus nalgas. Aaahhhhhhh!, Aaahhhyyy!.. ¡Ayyy mi culito! gemía.

No me moví hasta que ella se fue calmando, luego de un rato su culo ya se había dilatado y amoldado a la verga aunque Vero aún gemía despacio y permanecía agarrada a las sábanas.

- Queda poco, le dije, aguantá otro poquito que te la meto toda y diciendo esto empujé lento pero sin pausa hasta que sentí que llegaba al fondo.

-Uuuuuuhhhh! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡No la aguantooo!, ¡No doy más!, ¡No resisto esa pija enorme! gemía, pero yo estaba demasiado cerca del orgasmo para sacarla. Comencé a moverme afuera y adentro de Vero que seguía gimiendo hasta que me vacié en su culo en un orgasmo que es el mejor que recuerdo haber tenido.

Mi verga se fue ablandando dentro de Vero, no se la saqué enseguida porque sabía que es mejor para ellas dejar que se achique adentro y que sus esfínteres recuperen lentamente sus dimensiones naturales. Ella gemía cada vez más despacio y se fue tranquilizando hasta que se quedó laxa y completamente relajada y luego dijo muy despacio.

- Querido, esa verga que tenés es tremenda, siento que me late el culo y me parece que me va a latir por unos días dijo Vero. -¿Fue muy difícil?, pregunté. – No te puedo decir que no me dolió, me dolió bastante, pero no fue algo insoportable, en realidad bastante menos de lo que me esperaba y eso gracias a que te tomaste todo con paciencia y en forma tranquila, no quiero imaginar que te manden ese pedazo de un solo golpe hasta el fondo, creo que me desmayaría.

En resumen, todo fue más o menos como esperaba, antes de decidirme había hablado con una amiga de la facultad que practica el sexo anal con frecuencia y ella me aconsejó que me iniciara con alguien con experiencia porque es fundamental la primera vez y además me dijo que no esperara disfrutar hasta luego de varias sesiones que es cuando uno ya va sin temores y completamente relajada.

- Me alegra haberte ayudado, dije, yo también lo disfruté. Ella me miró con cara pícara y agregó. – De eso estoy segura, a considerar por la forma en que me mirabas en la pileta de casa y por el bulto que tenías permanentemente entre las piernas. -¿Se notaba mucho? pregunté sobresaltado. – Con eso que tenés te aseguro que no pasás desapercibido, de todas formas no te preocupes que la única que lo veía era yo, ya sabés que mamá y papá no ven nada sin anteojos y nunca se los ponen para ir a la pileta. – De todas formas, dijo ella, antes de animarme con mi amigo quiero tener algunas experiencias más con vos ¿te parece? – ¡Por supuesto!, dije complacido, te aseguro que va a ser un placer. – Además te tengo otra sorpresa, pero te la digo después.

Nos fuimos, y me quedé pensando en la sorpresa que tenía para mí.

Autor: Mike

               
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