UNA AMIGA ESPECIAL QUE PASO A SER COMPAÑERA DE CAMA Por anomimo Volver a Infidelidad
Todo comenzó hace dos años, cuando puse internet en casa. He de decir, que yo pasaba muchas horas aquí, y que esto de internet me era desconocido. Navegando por la red, entré en un chat, y allí la encontré. Su nick destilaba un aroma especial, entre tanta gente como había y le hablé.

Aquella primera conversación me dio a entender que era una chica bastante sincera, muy amable y bastante simpática. Tanto que le pedí su messenger. Desde ese día, teníamos una relación especial. Casi todos los días quedábamos para charlar por la red y nos hicimos grandes amigos. Tras tres meses de conversaciones banales y sin importancia, que, qué has hecho hoy, que si has tenido mucho trabajo, etc., una conversación nos llevó a los temas de pareja. Ella, la llamaremos Mónica por guardar el anonimato, de las afortunadas islas Canarias, casada, de unos 40 años, con un hijo, muy bien conservada, rubia y con una voz muy dulce, me dijo que no le iba bien con su marido, pues hacía mucho tiempo que no la hacía demasiado caso. Por aquel entonces, yo me llevaba mal con mi novia, cosa que cambió meses después, pero le seguí llevando esa conversación. Yo tenía por entonces unos 23 años. Soy moreno, alto, algo gordito, no mucho, y vivo en Granada, y la gente me considera guapete. Siguiendo con las conversaciones de pareja, cada día esas conversaciones se fueron tornando más y más fuertes, hasta llegar al tema del sexo. Claro esta, ella seguía sin estar atendida por el marido. Y claro, saltó de mis dedos la pregunta que todos los chicos hacen. ¿Entonces, como alivias tus noches de soledad? – Por mi misma – comentó. Eso llamó poderosamente mi atención, pues no imaginaba como una mujer tan atractiva para sus 40 primaveras, y tan bien conservada después de haber tenido un hijo, ya mayorcito además, no comprendía que su marido la diese de lado en materia sexual. Siempre me han atraído las mujeres maduras, pero Mónica destilaba un algo especial, un aire de tristeza, de soledad en su rostro que la hacía muy especial, y debido a su buena figura, más atractiva si cabe. De generosos y redondos pechos, con una bonita cintura, y unas caderas bien marcadas, como a mi me gusta, con un generoso culo, redondo y bien alzado, comencé a ver a Mónica como una mujer a la que desear. Como un objetivo que alcanzar, como una mujer a la que satisfacer por pasiva y por activa.

Una de esas mañanas, en las qu ver. Como no había nadie en casa accedí. Ella quedó sorprendida con el grosor, pues no soy muy dotado, pero si tengo buen grosor. En esto ella comentó, que le encantaría tenerla con ella, que con eso aliviaría su soledad. Como os podéis imaginar, la cosa fue a mayores, no mucho, pero me enseñó los pechos tras un buen rato de insistirla. Así que después de ver tan tremendos pechos no pude más, y me masturbé delante de ella. Ella cortó la comunicación y me quedé avergonzado. He de reconocer que había vuelto del trabajo muy caliente y que jamás había hecho esto.

Total, en el paso de los días, ella se fue desvergonzando y casi siempre acabamos las conversaciones con ciber polvos de locura. Nuestros polvos fueron siguiendo, hasta que se convirtieron en diarios, y esto a su vez en deseo físico. Nos dimos el móvil y esto fue nuestra locura, pues nos enviábamos fotos el uno al otro en ropa interior, mensajes muy picantes etc. Llego a tal extremo, que en una de sus convenciones de trabajo vino a mi ciudad y me llamó. Me dijo en que hotel se quedaría, y que si no trabajaba ese día podría verla por fin. Como os podéis imaginar tras meses de conversaciones picantes, que empezaban siendo muy inocentes y se tornaban picantísimas, de fotos de su perfecta anatomía desnuda o en ropa interior, a veces concediéndome caprichos como fotos con lencería y medias, Mónica me tenía calientísimo y acepté.

Serían las tres de la tarde cuando llegué al hotel y subí directamente a su habitación. Ahí estaba, dándose una ducha y me abrió la puerta con una toalla, mientras

dejó el grifo correr. Evidentemente, sabía que era yo pues no conoce a nadie más aquí. Nada más abrir se quedó boquiabierta y me abrazó fuertemente, besándome apasionadamente y buscando mi lengua, a lo que respondí. Nada más pasar a la habitación le solté la toalla y dejé su cuerpo desnudo ante mi vista. Tal y como había comprobado tenía unos pechos grandes, redondos y bien firmes, con un enorme pezón, ya erecto y moreno. Su sexo estaba cuidado, no depilado, cosa que no me importaba. No hacía nada más que mirarla mientras mi pene crecía dentro mi pantalón y ella me lo miraba llena de deseo mientras el agua de la ducha corría por el grifo Se acercó me volvió a besar, esta vez echando mano a mi polla, que deseaba salir de los vaqueros, bajo la cremallera y comenzó a masturbarme mientras mis manos iban derechas a sus tetas y a su coñito. No pude ni siquiera jugar con su clítoris, cuando llevando su mano a la mía que tocaba su sexo, empujó mis dedos hacia dentro de su cavidad, mostrándome que estaba de lo más caliente que se pueda estar. Ahí no aguanté, la tiré sobre la cama, abrí sus piernas y comencé a darle lengua a ese coñito que tanto había deseado por mucho tiempo, mientras ella sujetaba mi cabeza con gran fuerza para que no dejara de probar ese rico manjar. Tras venirse en mi boca, ella se levantó, desabrochó mis pantalones y los bajó junto con mis boxer y comenzó a chupármela, a lo que yo le respondí que haríamos un 69. Vaya si lo hicimos, empezó a tragar rabo hasta que su nariz chocaba con mis huevos, y mientras mamaba, me acariciaba los testículos con una maestría sin precedentes, y aún voy más allá, metía un dedo en mi culito haciéndome gozar como un loco, circulaba mi glande, lo chasqueaba con la lengua, la sacaba de su boca y recorría todo el tallo desde la punta a la base y así vuelta a subir volvi&e frenético que se impuso y el primer chorro de mi caliente leche inundó su garganta, el segundo cayó en su boca y en el tercero la leche le salía por la comisura de los labios. La leche que le salía se la recogía en los dedos, para llevárselos a su boca una vez que dejó mi sable limpio y reluciente para la siguiente batalla. Aún sin retirarse de la mamada, seguía besando y chupando mi pene grandiosamente y mis huevos queriendo más leche aún mientras ella metía sus dedos en su coño para dármelos a probar, cosa que yo hacía con gran deleite mientras la veía degustar con muchísimo placer, el dulce que tenía en su boca. Consiguió ponérmela realmente dura minutos después, Así me gusta, me encanta tu polla y su leche y esta tarde te voy a dejar seco con todos los agujeros de mi cuerpo – atino a decir, levantándose y cerrando el grifo de la ducha.

Cuando volvió a la cama se subió en mí, y llevándose mis manos a sus tetas, comenzó a buscar la mezcla de nuestros líquidos en mi boca y se clavó literalmente mi rabo de una sola tacada diciéndome – Ves, me chorrea todo, necesito que me folles ya, necesito tu rabo  y volviéndome a besar, empezó a subir y bajar por mi falo, casi se la sacaba toda cuando se dejaba caer bruscamente, y así estuvo un rato mientras yo le mamaba las tetas y humedecía su culo con su propia saliva con mis dedos, cuando se los daba a chupar. Durante más de diez minutos me tuvo en esa posición, hasta que se abalanzó sobre mí, se arqueó sobre su espalda poniendo los ojos en blanco, y tapando con mi boca un gemido gutural que anunciaba otra gran corrida, pero no contenta con eso, sin ni siquiera bajar su ritmo, solo sonrió y siguió cabalgándome como una auténtica amazona salvaje.

-Como me haces disfrutar José, que polla tan rica, tan deliciosa, cuanto la he deseado y ahora la tengo para mí, solo para mí, quiero que te corras ya, necesito que apagues mi sed, dámela, dámelaaaaaaaaaaaa – decía mientras movía sus caderas en círculos lentamente con mi pija entre ellas.

- Espera un poco dije sobándole las tetas, quiero volver a correrme en esa boca que tienes, que me la ensalives bien, porque ahora  dije agarrando sus nalgas y metiendo dos dedos en su ano – esto de aquí atrás va a ser solo mío. Siiii me contestó ella, si dámela ahí, que la llevo deseando mucho tiempo, dámela, dáme

la dijo levantándose y llevándose mi sable otra vez a la funda de su boca y chupándola bien fuerte y estrujándome los huevos como nadie, me sacó otra gran cantidad de leche, mientras su lengua circundaba la cabeza hinchada, gorda y morada de rabo. Relamiéndose mi leche de sus labios, volvió a comérmela, y empecé otro 69, esta vez alargando mi lamida hasta su culo, desde su clítoris y metiéndole la lengua en su deliciosa y caliente humedad lo más dentro que podía. Realmente Mónica adoraba mi polla, jamás me la habían comido tanto.

Yo solo veía su enorme culo frente a mi, y decidí ponerla de a perrito para mi deleite, y comencé a pasar otra vez mi polla entre sus nalgas, de arriba a abajo – rómpelo me decía, sin compasión soy tuya, tuya y de nadie más, siempre, siempre te he deseado y no me creo que me estés dando las mejores corridas de mi vida, dame más, dame más  me suplicaba masturbándose. Que es lo que quieres, le dije yo, ¿quieres esto? dije ensartándole mi rabo de una sola tacada en su aterciopelado coño…. Siiii pero ahí lo quiero después, métemela por el culo y rápidamente después mientras no paraba de masturbarse. Aceleró su ritmo, dios como culeaba y acto seguido dijo, ¡¡¡ohhh, ohhh, ohhh, siiii, siiii, me… me… cooooorrooooooo!!! Esto fue demasiado para mí y me vine en su culo de un solo empujón.

Me dejé caer sobre ella sin fuerza ninguna. Y con mi rabo en su culo volteó su cara, me miró, sonrió y me dijo: Esta follada no se me va a olvidar en la vida. Saqué mi pene ya deshinchado y quedé tumbado sobre la cama, quedando ella a mi lado besándome todo el cuerpo, empapando las sábanas de la cama. Claro está que la tarde no acaba ahí. Aún eran las 4 y media y quedaban muchos polvos, muchas corridas por llegar, pero eso… lo dejo para otro relato.

               
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