VIAJE CON LA ESPOSA DE MI JEFE Por anomimo Volver a Infidelidad
Llevaba unos once meses desde mi separación, cuando llega una invitación a mi casa, de un compañero de trabajo que se casaba a fin de mes en una ciudad distante. Como me llevo bien con el compañero de trabajo confirmé mi asistencia, además el lugar es perfecto para ir a descansar.

A mediado de mes, me dijo mi jefe, Sergio, que si yo viajaba solo, era absurdo que viajáramos tan lejos, en dos autos, siendo solo tres personas, yo acepté y puse a disposición mi camioneta ya que es más cómoda para viajar que el auto de mi jefe

Una semana antes de viajar, resultó un trabajo de asesoría en la ciudad donde sería el matrimonio, por lo que mi jefe tuvo que adelantar su viaje y me pidió que me fuera con su esposa, Cecilia, y no vi ningún inconveniente.

El viaje fue muy agradable, un poco largo, casi 10 horas manejando. Aunque a Cecilia la he tratado un par de ocasiones nunca había tenido la oportunidad de tratarla sin que estuviera su marido presente. Por lo largo del viaje pudimos conversar de varios temas, de mi separación, de su relación con su marido, se quejaba porque Sergio viajaba mucho y estaba muy pendiente del trabajo, sin embargo no tocamos temas del ámbito sexual.

Llegamos el viernes a eso de las cuatro de la tarde, le hablé a mi jefe y para variar se encontraba en una junta de trabajo, por lo que me pidió que llevara a su esposa al hotel, donde sería la recepción de la boda y que él nos alcanzaría luego. Llegamos al hotel y cada quien se dirigió a sus respectivas habitaciones, la mía en el piso 2 y ellos en el piso 3. La boda iba a ser el sábado en la tarde por lo que tendría lo que quedaba del viernes y la mañana del sábado para relajarme un poco, así que fui a mi cuarto descansé un poco y luego en la noche me fui solo a dar una vuelta a la ciudad en donde me encontré dos compañeros de trabajo con sus respectivas esposas, fuimos a cenar y platicar. El sábado en la mañana me levanté tarde y estuve un rato en la alberca para luego irme a organizar para el matrimonio.

Se realizó la ceremonia en una capilla que había en el hotel y de ahí nos dirigimos al salón donde sería la fiesta. La cantidad de familiares de los novios era impresionante por lo que dos compañeros de trabajo, mi jefe, sus esposas, otros dos compañeros de trabajo, Carlos y Daniel, y yo que íbamos sin acompañantes nos sentamos en una mesa. No había detallado a Cecilia quien se veía fabulosa. Usaba un vestido de noche negro, ajustado, con un escote muy pronunciado haciéndole ver fabulosas su hermoso par de tetas. De todas las presen se movían con sus movimientos y yo me quedaba mirando y agrandaba mis ojos, ella solo se reía y se daba la vuelta para luego acercarse poco a poco. Bailamos casi toda la noche, solo parábamos unos minutos para tomarnos alguna cuba, Cecilia pasaba a ver a su marido quien solo bebía y bebía y continuábamos bailando, pero entre, los toqueteos, el alcohol, la verdad me estaba calentando.

El alcohol hizo algo de efecto en Cecilia, a la que al final de la fiesta, se le estaban enredando un poco las palabras y se reía de cualquier cosa, pero solo un poco, nunca borracha, pero si algo contenta. Sergio su esposo y mi jefe estaba que se caía de la borrachera que tenía y no coordinaba nada

Como ya era muy tarde, la gente se estaba retirando, mis compañeros casados se habían ido y Carlos y Daniel andaban igual de tomados que mi jefe, pero medio coordinaban y se marcharon, le dije a Cecilia que le ayudaría a llevar a Sergio al cuarto, lo tomamos de los brazos y salimos, en verdad mi jefe iba bien mal, no se cuantas veces se nos soltaba y se caía, nosotros solo nos reíamos y él ni cuenta se daba. Llegamos a su cuarto y a Cecilia le costó un mundo abrir la puerta, le dio un ataque de risa, y mientras más la hacía callar por los demás huéspedes, más se reía ella. A las finales me contagió su risa y me dolía el estómago tratando de no reírme. Entramos a la pieza, y cuando llegamos tropezamos, y caímos los tres en la cama, Cecilia y yo quedamos frente a frente medio abrazados, miramos a mi jefe que quedé en un extremo boca abajo y ni cuen

ta se dio de otra caída más, volteamos a vernos y nos abrazamos desesperadamente y nos fundimos en un apasionado y húmedo beso, juntando nuestras lenguas y con nuestras manos agarrándonos del culo mutuamente, frotando nuestros sexos y no nos importaba que Sergio estuviese allí. Ella no dejaba de besarme y frotaba como loca su sexo contra mi verga. Prácticamente ya estábamos follando con nuestras prendas aún puestas.

Un movimiento de mi jefe nos hizo reaccionar y nos levantamos y le dije al oído que estaba bien caliente que si por mi fuera me la cogía ahí mismo y me dirigí hacia la puerta, dijo adelante, se me abalanzó y me siguió besando y me dijo tocándome mi verga que estaba apunto de romper el pantalón de la erección que tenía, Sergio ya no despierta lo conozco, bajó mi bragueta y la sacó de la "cárcel y comenzó a sobarla. Comencé a besarle el cuello, luego los hombros que estaban expuestos por el tipo de vestido que llevaba, me arrodillé y le bajé sus calzones, me abalancé a su sexo, con mis labios y mi lengua la abrí y empecé a chuparle el clítoris, Ella aún de pie, solo lanzó un gran suspiro y me apretó más aún. No pensaba en nada, ni en su marido, ni mi jefe, ética o moral, solo era una hermosa y madura mujer semidesnuda a mi lado, ardiendo en deseos igual que yo.

Desesperados corrimos a la cama, me terminó de bajar el pantalón quedando nuestros sexos al descubierto, sin dejar de besarnos acostados en el otro extremo con nuestras manos en el culo del otro, nuestros sexos se juntaron por primera vez al descubierto.

Con mi mano busqué entre sus piernas, encontrando una mojada concha por sus jugos y mi saliva, abriendo sus gruesos labios, alcancé a tocar la humedad de su vagina y sin piedad, se la metí hasta el fondo.

Nuestros movimientos eran muy rápidos, apretándonos fuertemente, haciendo que mi verga se perdiera en lo más íntimo, besándonos como una pareja de adolescentes, ardiendo en deseos, metiendo las manos entre las nalgas del otro.

La v suaves movimientos me exprimía la verga.

La penetración solo duró unos minutos, sin palabras, sin poses, ni nada, solo la necesidad de sentir el sexo del otro, saciarse y botar la lujuria acumulada. Ocultos en la penumbra de un cuarto iluminado por la luz tenue de una lámpara del balcón, dos extraños unidos por sus sexos, no sabíamos que había pasado ni que decir, junto a un tercero, el marido y el jefe durmiendo la borrachera.

Ella, sin decir palabra, se salió debajo de mí y me dio la espalda. Aún estando muy cansado, en silencio me paré y como pude me puse el pantalón y me fui a mi habitación. No podía conciliar el sueño. Por la ventana se veía como estaba lentamente amaneciendo. Ella, seguramente, tampoco dormía y sin darme cuenta, me dormí.

Me despertó el ruido del teléfono con la llamada de mi jefe preguntándome la hora de salida, era casi medio día, y quedamos de vernos en una hora en la entrada del hotel. Cuando vi a Cecilia, por mucho que tratamos de disimularlo, nos veíamos nerviosos, incluso ella algo molesta conmigo. Nos subimos a la camioneta para un largo camino de regreso en el silencio más absoluto.

               
Bienvenido Masajistas Comentarios Sexshop Anuncia Aqui Contacto  
  2010 sensualvip es marca registrada. (C) Todos los derechos reservados | ESCORTS NIVEL VIP | info@sensualvip.com